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El libro cuenta con un total de 247 páginas,
estructuradas en torno a seis capítulos. Incluye, igualmente,
una relación de casos españoles, así como los
textos de las decisiones judiciales que se han producido en los
mismos.
Aunque su temática se encuentra íntimamente
ligada al siglo XXI, en cuyos albores nace, la obra se inspira en
un trabajo de principios del siglo pasado, datado en 1.931 y considera
el nombre de dominio como la última manifestación
de una necesidad que acompaña al hombre desde su nacimiento,
la de designar a los objetos y sujetos con los que se relaciona.
Igualmente, al analizar el tema de la globalización,
comienza con una cita de Ortega y Gasset en torno a lo que en su
época se llamaba mundialización:
"El mundo, de repente, ha crecido, y con
él y en él la vida. Por lo tanto, ésta se ha
mundializado efectivamente; quiero decir que el contenido de la
vida en el hombre de tipo medio es hoy todo el planeta; que cada
individuo vive habitualmente todo el mundo. Hace poco más
de un año, los sevillanos seguían hora por hora, en
sus periódicos populares, lo que estaba pasando a unos hombres
junto al Polo, es decir, que sobre el fondo ardiente de la campiña
bética pasaban témpanos a la deriva. Cada trozo de
tierra no está ya recluido en su lugar geométrico,
sino que para muchos efectos visuales actúa en los demás
sitios del planeta. Según el principio físico de que
las cosas están allí donde actúan, reconoceremos
hoy a cualquier punto del globo la más efectiva ubicuidad.
Esta proximidad de lo lejano, esta presencia de la ausente, ha aumentado
en proporción fabulosa el horizonte de cada vida."
De acuerdo con las tesis que se defienden,
la red de redes introduce la necesidad de abordar su estudio, más
que desde una perspectiva global o internacional, desde consideraciones
no territoriales; constituye, en este sentido, un espacio "desterritorializado",
en el que se diluyen, más que aglutinar, las categorías
territoriales tradicionales.
Por otro lado, en el libro se encuentran datos
que difícilmente se ven publicados en los trabajos que se
han ocupado de estas materias, como, por ejemplo, que curiosamente
España fue un país pionero en la utilización
de la conmutación de paquetes, pues fue el primer Estado
del mundo que tuvo una red pública de transmisión
de datos basada en la conmutación de paquetes,
tecnología en la que se basa Internet.
En el libro se considera al nombre de dominio
como un fenómeno en materia distintiva y que resulta necesaria
una reflexión en torno a las categorías distintivas
de trascendencia jurídica que utiliza el ser humano. De esta
forma, se analizan, además de las marcas, el nombre de la
persona física, los seudónimos, los títulos
nobiliarios o las denominaciones de origen, como otras tantas manifestaciones
de fenómenos identificativos con trascendencia jurídica.
Especialmente curiosa e interesante resulta
la historia del popular Toro de Osborne que es exhaustivamente analizada
en el libro.
Deseo a los que lo lean que, como digo en el
prólogo, disfruten con su lectura tanto como aprendí
yo con su escritura.
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