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Pero pronto mis esfuerzos autodidactas, basados
en el método de la prueba y error -fundamentalmente-, me
permitieron descubrir cómo hacer para que fuese visible la
ventana en la que aparecía la dirección de la página.
El siguiente objetivo era huir de ella y dirigirme a algo que de
verdad me interesara. Tenía recopiladas algunas direcciones
que había visto en publicaciones y estaba ávido de
consultarlas. Conseguí introducir el texto de una de ellas
en la ventana, pero no sabía qué hacer para llegar
a verlas. Intenté inútilmente encontrar un botón
que ejecutase la tarea de ir a la dirección seleccionada,
pero no lo encontraba. Al final, pensando en modo MS-DOS, descubrí
que lo único que tenía que hacer era, como es lógico,
apretar el botón "intro" de mi teclado. Así
comenzó la aventura que da lugar al libro que el lector tiene
ante sí.
Debido, probablemente, a este arduo comienzo, mi
atención se centró sobremanera en la dichosa dirección
que forzosamente acompaña toda iniciativa y página
que se encuentre en la WWW (World Wide Web), y en seguida comencé
la labor de investigación sobre el funcionamiento de estas
direcciones. No tardé mucho tiempo en darme cuenta de la
complejidad de la materia, de los conflictos que habían surgido
por aquella época en Estados Unidos, y de las conexiones
que esta figura presenta con el Derecho, sobre todo en ultramar,
donde los órganos judiciales ya habían empezado a
ocuparse de los nombres de dominio, parte esencial de toda URL.
Toda la información que recibía se
encontraba en inglés, y en menor medida en francés
y alemán. No había una sola página en español
que abordase estas cuestiones. Por ello, decidí, en septiembre
de 1.997, canalizar toda esta actividad investigadora en una página
Web. A la vez, me encontraba redactando el extenso artículo
que, con fecha 18 de noviembre de 1.997, puse a disposición
de quien deseara consultarlo en la web, y que sirve como base para
la confección de la presente obra.
En ella he intentado ordenar estos cuatro años
de investigación, sistematizando y procesando, en la medida
de lo posible, el ingente caudal de información que en este
periodo de tiempo se ha gestado, e intentando introducir elementos
de reflexión que no hagan de la obra una mera, aunque memorable,
recopilación de datos y opiniones ajenas. En ocasiones, y
en defensa de las tesis principales del libro, se adoptarán
posiciones cercanas al ensayo, sin merma, en todo caso, del rigor
intelectual que ha de presidir su lectura, así como el respeto
escrupuloso a las fuentes que se manejan.
Con todo, la obra que se le presenta ahora al lector
puede calificarse de atípica. El tratamiento de las fuentes
quizás sea poco ortodoxo, pero creo que es útil y
ayuda en mayor medida a una correcta comprensión del libro
y las mentes curiosas que otros modos más al uso. Su elaboración
y edición, en los albores del nuevo milenio, han sido en
cambio tradicionales, al menos en su concepción, alejada
de los grandes intereses de la industria editorial sin la que, en
ocasiones, resulta difícil dar salida a nuestra curiosidad.
Su distribución, por el contrario, se encuentra en mayor
medida comulgando con la materia propia a tratar: los nombres de
dominio e Internet.
Finalmente, y antes de dejarles ya de lleno con el
objeto que les ha llevado a adquirir esta obra, debo agradecer a
todas las personas que han hecho posible que el presente libro haya
visto la luz. Especialmente, los primeros amigos y lectores críticos
que me ayudaron a terminar de perfilar la redacción, en esencia,
Susana Roldán Gómez; para ella son ahora mis primeros
pensamientos. No puedo dejar de agradecer también a todas
las personas, citadas o no en el libro, estén o no con nosotros,
y sean de esta o aquella cultura y civilización, cuyas ideas
me han impregnado y permitido que yo forme y les transmita las mías.
Espero que disfruten de su lectura tanto como aprendí
yo con su escritura.

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